En el 2050 un adulto recuerda su visita siendo niño a la universidad, un hecho que lo marcaría positivamnete.
...Pantalón cortito bolsita de mis recuerdos,
Pantalón cortito con un solo tirador....
José Carbajal (el Sabalero), poeta y cantor Uruguayo
Tener 60 años no me distingue, la camiseta de la UBA tatuada en la piel me distingue un poco, pero algo si me hace especial, soy uno de los 7 graduados en la FADU que, hace 50 años, entramos con otros 100 chicos (de Los Piletones y El Bancapibes) por primera vez a la Universidad. Me piden un artículo (mañana son los festejos), recordar es dulce y amargo, pero allá voy.
Hilvano recuerdos en conexión con Dhorah (mi ordenador simbiótico) y me dice:
- Tus pensamientos son secos, no convencen. Así no redacto nada interesante
- Cambié su voz, me gusta más oírla que leer sus-mis pensamientos. ¿Sugerencias? Pregunto. Tarda un poco en contestar y (no estoy loco) hay cierta de picardía en su voz.
- ¿voy a decirte lo que pienso?
- No, solo contestame. Resignada ella (o ello?) me dice:
- Sugiero actives el hológrafo virtual y el complemento de campos magnéticos, sentarte en aquel lugar mágico tal vez te motive
- Brillante, siempre acierta. Cuesta entender que soy yo mismo y la sutil programación personalizada (¡Costó cara!), pero reconozco la eficiencia aunque a veces es irritante.
Focalizo mi pensamiento en el patio central de la FADU y en segundos estoy en el lugar al que iré mañana para los festejos. (¡Ya 50 años!). La ilusión es perfecta, todo está como era, hasta en los detalles, (cuantos teraoctetos de información requiere esto) los ruidos, los olores, las gentes, conversan, dibujan sobre las mesas. Sólo en planos cercanos se esfuma la imagen en sus pixels básicos.
Pero el entorno inmediato de campos magnéticos es convincente, la mesa virtual es exacta y mi silla me sostiene. Todo se desvanecerá cuando desactive el programa, pero la poderosa sensación de presencia dispara mis recuerdos.
Amarcord (admiré a Fellini hace cuarenta años) cierro los ojos... y… aparecen las imágenes borrosas… se van precisando… son tan dulces y tan dolorosas.
Aquí estoy con mis diez años tiernos y lejanos... El viaje desde la Oyita, la algarabía, la llegada, Ciudad Universitaria, la FADU, enorme y gris, parece un barco gigantesco. La escalinata… nos reciben, abrazan al Abuelo (así le decíamos a Moffatt), Juan, barbudo, de traje y corbata, Estela sonriente y con ojos mojados. (Pensé: ¿por qué llora?)
Entramos... hay mucha gente y mesas en un patio enorme, micrófonos, ruido, viene el desayuno… vuelco un poco y una alumna de vestido azul me seca y me da un beso. Luego los discursos mientras nosotros dibujamos. Margarita, de sonrisa ancha y voz dulce, Juan Carr, fuerte y enérgico cierra el Abuelo con palabras emotivas. (Tres gigantes en su destino trascendente). Vienen los regalos, títeres y marionetas hechos por los alumnos… y la entrega a nuestras madres del diploma legendario: ¨ La UBA y el CBC expresan sus augurios y esperanzas de recibirte en esta Universidad cuando llegue tu tiempo. Manifestamos nuestra intención de brindarte todo el apoyo posible para ese entonces ¨
Mamá lo guardaba en un ropero, papá protestaba, hay que ponerlo en un cuadro!... ¿a si, con qué plata, eh? Cuando se lo mostró a tía Antonia se manchó con mate, -¡te lo dije!- gritó el viejo y salió enojado. Hoy la mancha luce perfecta. Otra vez allí, el almuerzo en un aula taller... (Donde unos años después iba a estudiar), el cine, (para muchos primera vez), reímos, disfrutamos… El viaje de vuelta... y me duermo rendido en las rodillas de mamá.
Desfilan flashes de mi vida, épocas duras,...mamá doblada sobre la olla, el olor a vida del guiso carrero, y el frío obstinado que aún me lastima a veces.
Al año siguiente la construcción, venían alumnos y profesores, hacíamos ladrillos y levantábamos paredes... y luego los chicos que filmaban…y el día que Tito me prestó la cámara. (El mundo cambió y ya nada fue igual).
Diez años después comienzo el CBC, los estudios, la tensión de los exámenes, la magia de componer imágenes y sonidos, la bendición de la beca y la graduación... los ojos de mamá el día de la jura. Y... qué puedo agregar, hago cine, es mi pasión y mi razón de ser, soy profesor en esta Sagrada Casa, la vida fue dura y generosa conmigo y mañana, cuando estemos los 7 en este lugar, nos abrazaremos, reiremos, lloraremos juntos y asumiremos nuevos compromisos para las generaciones venideras. Amén.
Dhorah me trae el papel impreso y como es mi censora crítica, le pregunto: - ¿Qué te pareció?-
Sonríe y me besa (¿puede una máquina sonreír, más, puede-debe besar?) levanta las cejas y dice con voz melosa. -No está mal Luisito.- Y se va cimbreando la cintura.
Luis Ceferino Hismauschi.
PD. Catamarca agosto de 2052. Luis, tu escrito nos gustó mucho, la salud nos impide estar allá mañana, 110 años pesan (Marconi dice que tiene 109). El aire puro de la montaña hace bien, y, si seguimos vivos, pronto nos veremos. Mientras tanto te abrazamos y disfrutamos tus éxitos.
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